martes, 14 de julio de 2015

Incierta

Odio la incertidumbre. No saber qué va a pasar, ni cuándo, ni cómo. Odio especular, imaginarme los peores escenarios posibles - o imposibles - tantas veces.

Si pudiera elegir, elegiría saberlo todo. No me asustan los cambios, ni las sorpresas, a veces ni siquiera las malas noticias. Pero no saber me asusta siempre, porque la realidad tiende a ser menos terrible que mi mente. Y no es que la quiera cambiar, ni controlar. No es que piense que por saber voy a tener alguna influencia en el futuro. Es sólo que me calma. Me da una tregua de los pensamientos absurdos y oscuros, del miedo que todo lo corroe, de mí misma.

Mi abuelo se está muriendo. Durante tantos años fue como mi papá y hoy estoy a mil kilómetros, sentada en la oficina, esperando. Es la vida, lo sé. Pero eso no lo hace menos triste.  

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