domingo, 28 de junio de 2015

Cansada

Ha sido un año - un poco más - lleno de cambios y desafíos. Estoy embarazada de cinco meses y mi ansiedad está en las nubes. Esto de no tomar remedios no es lo mío. Echo de menos la tranquilidad y las noches sin pesadillas, la sonrisa tan fácil y las pocas ganas de llorar de cuando me siento bien. Tengo tanto miedo siempre, de todo. Y cierro los ojos y me aguanto porque no me queda otra opción, porque tengo un hijo de casi dos años y un marido que no sabe lo que es el miedo y una hija en camino. Y me levanto y voy a trabajar y en las noches trato de dormir y funciono, como toda mi vida.

Pero estoy cansada.

Siento que mis treinta a veces pesan como cien, que tendría que nacer de nuevo para poder disfrutar de verdad los momentos sin pensar tanto en mañana y en que nada tiene sentido porque todos avanzamos irremediablemente a la muerte. No nos podemos escapar.

Quiero ser normal un rato - no necesito ser normal para siempre - pero me vendría tan bien un respiro. Dejar de imaginarme escenas improbables y tortuosas, de niños asesinados y accidentes y atentados de grupos extremistas que odian la libertad que tanto amo. Dejar de buscar en Google estadísticas de partos prematuros y mortalidad infantil y disfrutar a mi familia sin apuro, sin la certeza de que cada momento puede ser el último, de que cada despedida abarca un montón de promesas que no sé si pueda cumplir (hasta mañana, nos vemos más rato, te llamo luego), de que al final nada depende de nosotros porque la vida es impredecible y corta y un día se acaba y no siempre avisa.

Me da miedo tener tanto miedo.
Y no sé cómo ganarle.

No hay comentarios:

Publicar un comentario