lunes, 12 de mayo de 2014

Vencida

Estoy agotada. Siento que se me acaban las fuerzas para pelear esta batalla mientras miro por la ventana cómo la lluvia bota el cielo a pedazos. Llevo un par de semanas con miedo a todo. Miedos absurdos, como siempre. No soy capaz de acostarme a dormir sin revisar todas las ventanas - varias veces. He vuelto a buscar asesinos escondidos en los clósets y detrás de las cortinas de los baños. Pienso que se van a robar a mi hijo, que se va a morir mientras duerme, que voy a despertar y ya no va a estar. Me acuerdo de todas las historias terribles que he escuchado, de las canciones de niños muertos, y las repito en mi cabeza porque no puedo pensar en nada más.

Cuento, rezo pedazos de oraciones, canto mantras y pongo música motivacional. Me tomo, de repente un lorazepam o un ravotril y logro dormir un poco pero con pesadillas que no se van. Siento que estoy al límite, que no doy más. Suspiro. Ayer pensé que iba a desmayar, pero no. Era pura ansiedad, según Google. Esa sensación de no estar despierta, de que esto es un sueño, de que la vida no existe, nada existe y estamos en un mundo de ilusiones. ¿Soy real?

Estoy a punto de volver al siquiatra que conocí cuando nació mi guagua. Pagar lo que cueste, da lo mismo. Prefiero vivir endeudada y mejor. Me pesan los ojos, el corazón y las manos. Me siento tan chiquitita y tan vencida.

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