martes, 12 de noviembre de 2013

Asustada

Odio saber que no puedo razonar como una persona normal.

Salí media hora a hacer trámites, y cuando llegué de vuelta había una bolsa de género encima de mi cama. Yo no la dejé en ese lugar - estoy segura - pero hay mil maneras posibles y lógicas de que haya llegado ahí. De todas formas, lo primero que se me ocurrió fue que alguien había entrado a la casa. Obvio. Alguien entró mientras yo no estaba y en lugar de robar el computador y la tele, dejó una bolsa en mi cama. O peor. La bolsa quedó ahí porque no se alcanzó a robar nada, porque llegué muy rápido. Ahora el ladrón (¿o asesino?) está el segundo piso, escondido en el clóset, o detrás de la cortina del baño, o debajo de la cama. Esperando. Cuando esté cómoda, y se me haya pasado el miedo, y haya decidido sacarle la llave a la puerta de mi pieza donde me encerré con mi guagua, va a bajar.

O quizá sólo dejó la bolsa para que yo supiera que puede entrar cuando quiera, como una amenaza silenciosa. O quizá envenenó el agua que tengo en mi velador y, mientras escribo, me estoy muriendo de a poco. O quizá puso una bomba que va a explotar en la noche y nos va a convertir en pedacitos de personas. Quién sabe.

Revisé toda la casa y sé que no entró nadie - no tiene ningún sentido - pero el miedo no se me quita. Escucho ruidos afuera y pienso que son acá. Abrí la cortina que da a la calle, para que los vecinos puedan ser testigos si pasa algo. Me tomé un tercio de Lorazepam también. Yo sé cómo funciona esto, los miles de caminos que pueden seguir mis pensamientos desbocados, y quiero poder dormir hoy. Estoy cansada. Necesito que mi mente pare un rato. Por favor.


1 comentario:

  1. Hey, ¿cómo vas después de eso? Andamos en las mismas. Claro, lo mío es otro tema, pero es el mismo proceso mental que a ti te mortifica. Parecemos un análisis de marketing: los mismos productos, distintas percepciones. Espero que algo de sosiego hayas encontrado. Abrazos, mil.

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