viernes, 1 de marzo de 2013

Afortunada

El otro día estuve leyendo un estudio sobre embarazadas con Trastorno Obsesivo Compulsivo (pueden verlo aquí) y me di cuenta de que soy afortunada. Pertenezco a ese 22 por ciento de mujeres cuyos síntomas mejoran notablemente durante el embarazo.

El TOC está lejos de haber desaparecido. De repente no puedo dormir pensando en que mi guagua está muerta y yo todavía no me doy cuenta, o recordando todas las historias de terror que la gente me cuenta sobre experiencias ajenas trágicas, como si fuera el mejor momento para escucharlas. Pero la mayor parte del tiempo creo que todo va a salir bien. Trato de racionalizar mis miedos, de buscar estadísticas que los desmientan, de leer sólo páginas y libros optimistas. Y la verdad es que estoy mejor que hace mucho tiempo.

Es como si el embarazo fuera la respuesta a todas mis dudas existenciales: al sentido de la vida, al camino inevitable a la muerte, al amor, y los amigos, y la familia. Como si hubiera nacido para esta experiencia.

No sé qué irá a pasar después del nacimiento. Me asusta la idea de que esta mejoría no sea más que una respuesta temporal a la explosión hormonas y que todo vuelva a ser como antes una vez que mi hijo - o hija - nazca. No quiero levantarme cada quince minutos a ver si respira mientras duerme. Quiero, en cambio, confiar. En la vida, en el universo, en Dios, en el destino. Y conseguir que esta tregua se mantenga.



2 comentarios:

  1. Mi experiencia fue contraria. El embarazo empeoró el TOC hasta un punto descontrolado (me hacia 2 y 3 ecos al día). Luego del nacimiento de mi hija, tuve un tratamiento muy fuerte, y ahora, 19 meses después, lo tengo algo controlado.

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