miércoles, 7 de noviembre de 2012

Incendio

Estoy enfocándome en eso de visualizar lo que quiero para ver si lo consigo. Así que escribí en un papel tres sueños importantes, lo doblé y lo guardé en mi billetera el lunes pasado. Como hoy me di cuenta de que quería plantear mis deseos de otra manera, escribí un papel nuevo. Y se me presentó un problema casi imposible de solucionar: ¿cómo iba a deshacerme del primero? Si lo botaba a la basura, probablemente el universo entendería que había desistido de mi encargo. Tampoco podía guardar los dos papeles, porque podría prestarse para confusión. Al final, hice lo único que me pareció razonable: saqué la primera versión de mi billetera, prendí un fósforo y la quemé.

Lo malo fue que tenía la ventana abierta y el viento se llevó el último pedacito de papel antes de que se terminara de quemar. Cayó encima de unas flores. Lo vi apagarse desde mi oficina y, aunque lo seguí mirando durante cinco minutos interminables para asegurarme de que no estaba ardiendo todo sin que me diera cuenta, no fue suficiente.

Salí a recoger lo que quedó del papel. Lo doblé como pude y lo volví a guardar en mi billetera, pero antes me quedé un rato en el jardín para asegurarme de que no hubiera empezado a salir humo de las plantas. A pesar de que estoy ahora en la oficina y claramente no se está quemando, no me siento tranquila. Me asusta la idea de que mañana, cuando despierte, las noticias van a mostrar un incendio que todo el mundo va a saber - y peor, que yo voy a saber - que partió por mi culpa. Por quemar el papel con mis sueños, y todo como consecuencia de que me dio miedo botarlo.

A pesar de todo, no me arrepiento.
Estoy segura de que el universo me escuchó fuerte y claro y ahora mismo está en el proceso de cumplir mis tres deseos.

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