martes, 13 de noviembre de 2012

Sola

El TOC es una enfermedad solitaria. Pienso en eso mientras miro por la ventana de mi oficina cómo el viento mueve los árboles. Y es que en realidad por mucho que escuche canciones motivacionales para sonreír, me siento un poco perdida. Paso gran parte de los días con ganas de llorar y un dolor de cabeza eterno. Duermo mal, porque las pesadillas me persiguen. Me gustaría poder hablar sin tener que dar explicaciones de la forma particular de verlo todo que me tocó porque quién sabe qué hice en mi vida pasada. Pero no hay cómo. No sabemos escuchar a los demás, supongo. Por mucho que lo intentemos. Nuestras miradas están sesgadas por el prisma de nuestros propios problemas.

Es sólo que la desesperanza es agotadora. Invierto tantas horas en dejar de pensar lo que pienso, que al final lo único que quiero es acostarme y cerrar los ojos. Un minuto de mente en blanco, por favor. Y, de repente, un montón de frases cliché y compasión sincera. Me vendrían tan bien.

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