sábado, 3 de noviembre de 2012

Ansiedad

Ayer desperté mal.

Y eso que estoy haciendo trampa en mi decisión de vivir sin medicamentos: llevo cinco noches tomando clonazepam para no tener pesadillas. Me ha resultado porque estoy durmiendo bien, pero ya se me están acabando. Bueno, clonazepam y todo, desperté desbordante de ansiedad. Fuimos de paseo con unos amigos y apenas podía mirar hacia adelante en el auto, segura de que en cualquier momento un camión se cambiaría de pista y chocaríamos de frente. Toda la mañana esperé también que me llamaran para avisarme que alguien de mi familia había muerto. Por supuesto, no pasó nada. No tengo poderes psíquicos, aunque a veces se me olvide.

Estuve al borde de una crisis. No sé por qué. Respiré profundo y cerré los ojos, esperando que se me pasara la angustia. No pude evitar recordar mis ataques de pánico antes del diagnóstico, cuando con las manos tiritando y el corazón acelerado, estaba segura de que me estaba muriendo.

Me da rabia perder batallas. Me frustran los momentos que no puedo disfrutar, porque mi mente se los traga y hace con ellos lo que quiere. Me siento incapaz de pensar en el futuro, y eso me deja con un vacío profundo, con la sensación de que el TOC se lleva - de a pedacitos - toda mi felicidad.

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