miércoles, 12 de septiembre de 2012

Ignorante

Hay una parte de mí que echo de menos.

Antes de saber que tenía un TOC, yo estaba segura de que era especial. Que mi imaginación traspasaba límites insospechados para los demás. Que tenía una creatividad y una sensibilidad capaces de captar lo que para otros era vacío. Si bien mi miedo era inmenso y profundo, también lo era mi asombro, mi alegría y todas las emociones posibles. Vivía con una intensidad y una conciencia que hoy me asusta haber perdido a manos de la racionalidad y la contención.

Y es que desde que lo que me pasa tiene nombre - es decir, hace más o menos cuatro años - ya no sé cuándo es la intuición y la magia y cuándo es mi mente la que habla. Me cuesta cada vez un poco más ver los detalles y los símbolos de la sincronía perfecta del universo. Me demoro en conectarme con lo que me pasa, porque tengo la sensación de que quizá no me esté pasando de verdad. No sé cuánta de mi angustia puede ser porque presiento algo o cuánta porque los niveles de serotonina me fallan y envían señales equivocadas a mi cerebro.

¿Es real lo que siento?

Antes de saber el origen de mis miedos, el día a día era mucho más difícil, no lo niego ni lo olvido. Pero esa sensación de éxtasis frente a lo incomprensible del universo es algo que sueño con volver a vivir. Y no sé cómo.

A veces creo que yo me gustaba más antes.  

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