viernes, 15 de julio de 2011

De regreso

Después de vivir un par de meses viendo la muerte tan de cerca - hasta que finalmente llegó y se llevó a una persona muy querida - me di cuenta de que no me asusta. Y eso es un paso trascendental para mí. Siempre consideré que mi miedo más grande era el miedo a morir. En base a lo mismo se creaban todas mis obsesiones y compulsiones. Claro, eso no quiere decir que no las tenga, pero son mucho menos invalidantes. Los remedios también funcionan y me mantienen en equilibrio. Pude vivir una experiencia triste, vivir el dolor profundo, sin que mi mente divagara por lugares oscuros. Pude ver cómo el cuerpo y el alma no son lo mismo y, aunque no tenga idea de qué es lo que viene después, estoy segura de que hay algo. Otras vidas, quizá. Otra vida.

Mi miedo más profundo no es el miedo a la muerte. Es la violencia, la agresividad humana lo que verdaderamente me asusta. Es la muerte repentina, sin aviso, por una bala perdida o un cuchillo afilado. Sé que las imágenes y las ideas que me agobian no van a desaparecer de un día para otro. Pero también tengo la certeza de que estoy en mejores condiciones de enfrentarlas.

2 comentarios:

  1. Cuando la muerte acontece a alguien muy cercano, se nos hace familiar.

    "y la muerte. ¿Sabe? La muerte, ahora que tiene su rostro, ya no me asusta."

    "Me estaba usted doliendo por todo el cuerpo. Sólo cuando nuestra relación se convirtió en esta hermandad indestructible . . . terminaron los sobresaltos y el mundo recuperó su ritmo." Isadora Aguirre a Roque Dalton.

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  2. "Salí del estudio preguntándome cuál sería la expresión última de su rostro. ¿De dolor? ¿De inocencia? ... y usted, desde no sé dónde, confesándome: "No se crea, maestra, aquello no es tan negro como lo pintan" Isadora Aguirre a Roque Dalton.

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