sábado, 14 de mayo de 2011

Obsesión número 8: Los accidentes

Hace cuatro días me caí de la bicicleta. Una tontera, que me dejó dos heridas en la pierna izquierda. Una a la altura de la rodilla, la otra en el empeine. Y todo estaría bien si yo no tuviera la tendencia a pensar que me va a dar gangrena y me van a tener que cortar el pie. Lo mismo me pasa con todo. Un golpe en la cabeza que me puede dejar amnésica, por ejemplo. Pero lo peor es vivir accidentes que no pasan. Manejar la scooter de mi pololo por la Kennedy viendo cómo cada auto que pasa me manda volando a cien metros de distancia. Cruzar la calle con la imagen de mi cuerpo rebotando en el auto que no respetó la luz roja. Subirme a los aviones viendo cómo se caen al mar y mi cuerpo queda atrapado entre los fierros retorcidos.

Lo divertido es que no me dan miedo los autos, ni las motos, ni las bicicletas, ni los aviones. Al contrario. Me encanta viajar en todas sus formas. Son solamente las imágenes, que aparecen y no las puedo contener. Mi mente juega conmigo mucho más de lo que yo juego con ella.

Ahora, en el caso de las demás personas, es distinto. Si yo no puedo soportar la idea de que la gente llegue tarde no es por un tema de excesiva puntualidad. Es porque cada minuto que pasa, es una posibilidad más de que hayan muerto en el camino. Si mis ex hubieran entendido eso, hubiera sido todo tanto más simple y me habrían ahorrado muchos dolores de guata. No es sólo que puedan haber chocado o los puedan haber atropellado. También les puede haber dado un infarto en la mitad de la Alameda. O se pueden haber tropezado y roto todos los dientes y estarse desangrando. Por eso para mí los celulares son el paraíso. Igual trato de no abusar, porque las personas se asustan. No sé cómo explicarle a alguien normal que mi mente funciona distinta. No soy controladora. Es sólo que me da miedo.

1 comentario:

  1. El temor no solo te afecta a ti sino a la gente que tienes a tu alrededor. Si dejas que eso te manipule, harás sufrir tambien a los que realmente te quieren. Yo lo estoy viviendo con mi propia madre y es un tormento que no hace más que agrabar la situación. Yo la quiero, es orrible. Gracias al Señor, estoy con fuerzas, confiando que algún día ella se de cuenta. Porfavor, sal de ahí porque tú sufrirás tanto como los de tu alrededor, que lo único que hacen es defenderse.

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