lunes, 16 de mayo de 2011

Obsesión número 9: Las caminatas de noche

Cuando yo recién trabajaba en Starbucks del Parque Arauco, mi mamá insistía en irme a buscar cada vez que me tocaba cierre de tienda. Salíamos a las dos de la mañana, a las tres o a las cuatro a veces, y todos mis amigos caminaban a tomar micro a Apoquindo o a Escuela Militar. Yo tenía 19 años. Que mi mamá me fuera a buscar me parecía un poco infantil. No era posible que me asustara tanto la noche que no fuera capaz de irme con los demás. Claro que en ese tiempo no tenía idea de mi TOC, y sentía que de alguna manera tenía que vencer el miedo. La mejor, a mi juicio, era enfrentándolo. Así que cada vez que podía, caminaba. Tomaba taxi eso sí, nunca logré volver en micro. Pero el esfuerzo era gigante.

Desde que me fui a vivir sola, a los 21, caminar de noche se convirtió en una necesidad. Durante mucho traté de enfrentarlo, y salía a pesar de no tener cómo volver. La angustia, las ganas de llorar, el nudo en la garganta, lo desvalida que me podía sentir mientras veía las sombras moverse y escuchaba pasos inexistentes, eran lo peor. Por eso desde que supe que la ansiedad me va a acompañar siempre, busco evitar lo evitable. Camino de noche lo menos posible, casi nunca en realidad.

Me imagino lo difícil que puede ser comprenderlo cuando no se vive. Suena tonto, y medio pendejo, considerando que muchos niños caminan solos siempre en sus poblaciones donde los traficantes no dejan de disparar, pero me pasa. 

3 comentarios:

  1. Hola, que agrado leer tu blog, yo también sufro de TOC y se lo angustiante y desgarrador que puede llegar a ser.
    Saludos,
    Claudia.

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  2. El mensaje de arriba es mio ;)

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  3. No, ya no escribo en mi blog, netamente por dejadez jeje. En ese entonces no sufria de TOC :(

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