miércoles, 18 de mayo de 2011

Empatía

El TOC es una enfermedad bien desgraciada. No hay cómo pedirle a las personas sanas que entiendan el funcionamiento de una mente obsesivo-compulsiva. Y tampoco vale mucho la pena luchar contra las imágenes y las ideas que aparecen sin aviso. Yo lo hice durante muchos años. La verdad es que lo mejor, por lo menos en mi caso, ha sido aceptar que así soy. Es lo que hay. Aunque me haya demorado en manejar, lo hice. Y aunque todavía no pueda andar por las carreteras, sé que eventualmente lo voy a lograr. Pero ya no me ando metiendo en poblaciones llenas de narcotraficantes sólo para vencer mi miedo a la muerte. Me parece una solución absurda.

Pese a la poca empatía que genera, el TOC es una discapacidad como cualquier otra. Porque claro, es fácil empatizar con alguien que vive con diabetes, o que está en una silla de ruedas, pero ¿cómo se empatiza con alguien que se tiene que lavar las manos cien veces al día o que sólo puede salir de la casa si ha cerrado y abierto la llave del gas siete veces o que necesita - de verdad necesita - caminar sin pisar las líneas de la vereda porque si no algo terrible va a pasar? Y yo lo entiendo. A mí me costaría mucho. Pero también creo que pasa por el desconocimiento de la vida cotidiana de las personas con TOC. Los rituales no son algo que uno repita porque sí. Ahora, por ejemplo, me ha dado por revisar si las llaves están puestas por fuera en la noche. Creo que si no lo reviso, van a estar puestas y alguien va a entrar y me va a matar mientras duermo. Tiene cierto sentido, porque se han quedado puestas antes. Lo que lo convierte en algo absurdo es que necesito revisar la puerta incluso si veo las llaves encima de la mesa o en mi mano.

Las personas con TOC tenemos la capacidad de distinguir entre la realidad y fantasía, un beneficio que no todos los trastornos mentales entregan. Me pregunto si me estoy volviendo loca, y al mismo tiempo sé que no. Las personas que pierden la razón no se dan cuenta de que la están perdiendo. Es una paradoja.

Yo he optado por aceptarme. Tal como soy. A veces más ansiosa, a veces menos. A veces con problemas para dormir o con muchas pesadillas. A veces con dolores de cabeza que me duran un par de semanas. Pero hay algo en mí que se configuró de alguna manera con mi experiencia de una vida completa con TOC. La capacidad de vivir intensamente. De que lo que me guste, me guste de verdad. Y lo que aborrezca, lo aborrezca de verdad. No conozco la palabra "poquito", me dicen. Claro que no. Si mi obsesión por la muerte se ha convertido en mi conciencia de la mortalidad. Trato de aprovechar cada momento como si fuera el último, porque sé que puede serlo. Y por eso, a pesar de todo, he aprendido a querer a mi TOC. A tomarlo con humor. A darme cuenta de que es parte de quien soy, y que las limitaciones que me imponga las puedo superar. De a poco, pero puedo. Mi vida está llena de pequeños logros - quedarme sola en mi casa de noche, caminar sin contar los pasos, cambiarme de aros sin pensar que la persona que me los regaló se va a morir por eso - que son fundamentales para mi felicidad.

A quien lea este blog, lo invito a intentar empatizar. Yo sé que no es fácil, pero no seré la única que le estará eternamente agradecida.

1 comentario:

  1. Me ha pasado que me da ansiedad cada vez que entro a un trabajo nuevo, lo que no me hace durar mas de 2 dias en uno a menos que conosca a alguien del lugar y si es asi duro un poco mas, ¿por que?, porque valoro tanto trabajar desde mi casa, siento que no pierdo tiempo en mi vida y tengo tiempo para compartir mas con mi familia, dejar a mi sobrina al colegio, tomarme un tecito con mi mamá, cosas que son valiosisimas para mi, al principio se reian de mi toc en mi casa, hasta que le explique a mi mamá que no lo hacia de rallada o para llamar la atencion, si algo bueno se puede sacar de eso es como dices tu aprovechar las cosas y no quedarse en los poquitos.
    Sabes es super sanador de cierta forma saber que alguien vive lo mismo que uno, yo cuando empece a leer del tema, deje de sentirme tan rara jajaja, un abrazo!

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